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10 de setembre del 2016

'la cocina pública'

Cuando la cocina sale a la calle

Teatro Container
FiraTàrrega 2016, feria de teatro en la calle

En la cocina desarrollamos la creatividad conectando con nuestra tradición culinaria. Al preparar un plato, al determinar y combinar sus ingredientes, operamos en el mismo territorio de la creación artística. La 'Cocina pública' es una cocina ambulante, albergada en un contenedor marítimo. Una experiencia en busca de recetas y de aromas que hacen aflorar historias, que rememoran personajes y que revelan momentos íntimos cargados de sabores y de humanidad. Los vecinos del barrio cocinan con los comensales, generando un sabroso encuentro social que permite el reconocimiento de las distintas costumbres culinarias de los habitantes de un territorio. El espectáculo incluye una comida que no contempla intolerancias alimentarias.

Los espectadores más madrugadores de FiraTàrrega 2016 han comenzado a degustar las primeras propuestas de la programación, algunas tan sorprendentes como la del colectivo chileno Teatro Container que ha llevado su 'Cocina pública' al patio de la escuela Àngel Guimerà de la capital del Urgell. El público se sumerge en una especie de comida familiar de una cocina ambulante albergada en un contenedor marítimo. De esta manera, FiraTàrrega repite con una propuesta gastronómica en su programación tras el éxito de los mexicanos Vaca 35 de la pasada edición, en la que también se ofrecía una combinación de teatro y comida para sorprender a los espectadores. En la propuesta de este año se buscan recetas, con productos Km 0 que en este caso han sido piña con jamón y conejo al ajo elaborado por cocineras de Tàrrega.



Los actores principales de 'La cocina pública' son los vecinos y los vecinos cocineros, que preparan recetas junto con los comensales, el público, generando un mezcla de sabores colectivos que permite reconocer y disfrutar de las diferentes prácticas y costumbres culinarias de las mesas del mundo.

Los miembros de la compañía chilena llegaron hace seis días a la capital del Urgell con una sola una maleta como equipaje. A partir de aquí y mediante el contacto con vecinos y entidades como Cáritas o los scouts han logrado conformar la escena de su espectáculo, ubicado en un contenedor de transporte acoplado a un comedor al aire libre, cubierto por una lona elaborada por diversas prendas.

La propuesta de este colectivo chileno, nacido en Valparaíso tras la puesta en marcha del Festival Teatro Container el año 2008, se presenta como un dispositivo de intercambio, producción y registro de contenidos culinarios. Una especie de cocina nómada, de estética doméstica y cálida que, enmarcada en un contenedor marítimo, viaja por los barrios creando encuentros sociales en torno a la mesa.

(extracto de festadirecte.cat)

30 de desembre del 2015

¿el ocaso del coche privado?

Los escándalos en la industria automovilística y la protección del medio ambiente invitan a imaginar una ciudad distinta.

Luís Feduchi
El País, 27 diciembre 2015

Ese ingenio conocido como coche, gran protagonista del crecimiento urbano, de la libre movilidad y del estatus social, parece necesitado de una inspección en toda regla. La crisis del sector unida a la preocupación, cada vez más creciente, por su impacto medioambiental han hecho emerger propuestas inusitadas: coches de uso público compartido, propietarios de vehículos que ofertan a otros pasajeros compartir gastos en sus trayectos habituales, o automovilistas privados que se ofrecen como conductores a bajo precio. Estas nuevas prácticas ya están entre nosotros con nombres como carsharing, Blablacar o Uber, respectivamente.

Modalidades de carsharing en futureofcarsharing.com.

A esto se añade el auge de la bicicleta como medio de transporte urbano. Su irrupción, peor o mejor señalizada, entre el tráfico rodado ha venido acompañada de subvenciones para promover su alquiler para trayectos en la ciudad. Todo esto dibuja un panorama en el que el coche privado podría ser visto no ya como un lujo, sino como un estorbo.

La idea de que se limite el uso del automóvil en las ciudades puede sonar tan increíble como imposible parecía hace dos décadas que el tabaco acabara siendo proscrito de los lugares públicos. Pero la ciudad sin coches ya está aquí. O mejor: siempre estuvo aquí, desde el principio. Hay ciudades que se construyeron en espacios situados en orografías de difícil acceso, tejidos con la densidad de una medina árabe, ciudades montaña, ciudades bastión, ciudades prohibidas, en las que nunca entraron los coches. También se erigieron ciudades aisladas o poblaciones de archipiélago que solo estaban comunicadas por mar; eran ciudades isla y ciudades mar. En esos lugares no existían el ruido, la polución y la peligrosidad inherentes al transporte en coche.

Fotograma de Abre los ojos, de Alejandro Amenábar (1997).

Imaginemos ahora una conurbación visible, real, contemporánea, donde, salvo en casos de necesidad, la población se mueva sin la ayuda de ninguna fuerza motora artificial. Un lugar donde la calle fuera en sí misma un medio de transporte, calles empedradas o canales como en Venecia.

Paradójicamente, el lugar de donde partió el narrador de Las ciudades invisibles, de Italo Calvino, es hoy, por increíble que parezca, modelo de futuro. Esta idea resulta impensable para los habitantes de una ciudad histórica invadida, mutilada por automóviles. También podría resultar un modelo utópico para los que habitan la ciudad del siglo XX, construida ya por y para el coche, y donde carecer de él puede casi relegarlo a uno a ciudadano de segunda clase.

Pero el ocaso del coche privado y su impacto es un asunto transdisciplinar. Sus beneficios en materia de salud, medio ambiente, energía o justicia social apenas dan lugar a discusión. Para que la ciudad sin coches sea algo real, solo falta resolver el factor económico, es decir, el impacto en el sector, pero no la viabilidad de la idea.

Imagen del Día sin coches en Barcelona, el domingo 18 de octubre de 2015.

Tendemos a ver la ciudad como algo que se construye, cuando también es una sucesión de derrocamientos. Cuanto más exitosa, longeva y vital es una urbe, mayor es el número de transformaciones que ha experimentado. La restricción de aparcar vehícu­los de no residentes en el centro de Madrid, implementada por Manuela Carmena hace escasas semanas, puso de manifiesto que este tema de limitar el uso del coche en la ciudad no es algo visionario, complejo o de ciencia-ficción, sino que es más bien una cuestión de cambio de mentalidad.

El nacimiento de los Estados-nación derribó las murallas y el desarrollo industrial abrió zanjas de saneamiento, ahora llega el derrocamiento del vehículo privado en la ciudad. Se abre el tiempo de reflexión sobre ese nuevo espacio público.

Luis Feduchi es arquitecto y decano de la Facultad de Arquitectura en la Universidad Camilo José Cela. Colabora con la Humboldt Universität de Berlín.

8 de juliol del 2015

guía para montar un ‘food truck’

¿Hay alternativas a los bares de menú? ¿En qué lugares tendrían sentido? ¿Para qué tipo de oferta gastronómica? Esto es lo que pretende responder este artículo de la sección de economía de El País a través de las posibilidades de los food-trucks, un modelo importado con escasa implantación, entre otras cosas, por la normativa que le impide competir en igualdad de condiciones.


“La moda de las furgonetas de venta de comida en la calle se instala en España. Estudiar la normativa municipal es clave”
Ana Torres Menárguez. El País, Madrid, 7 jul 2015

El Kiosko, uno de los 'food-truck' pioneros en España. / Street Food Madrid. / ATLAS

Se puede ser un apasionado de la cocina, tener buena disposición para ello y unas ganas irrefrenables de vivir de los fogones. Montar un restaurante sería el siguiente paso, pero hacer frente a los gastos no siempre es posible. La versión food truck -nombre en inglés de las furgonetas de venta de comida en la calle- es más asequible. Desde 15.000 euros se puede conseguir una caravana de los años setenta lista para cocinar en su interior y servir platos calientes en diferentes puntos del mapa. El problema es que no existe una normativa nacional para este tipo de negocios y el propietario debe empaparse de todas las normativas municipales para conocer qué licencias necesita antes de planificar su ruta.

“Aquí las modas siempre llegan tarde y mal. Aún nos queda mucho para poder aparcar y vender en cualquier calle como pasa en Nueva York”, opina Roberto de la Cuerda, uno de los pioneros del movimiento food truck en España. Su camioneta, una Citroën HY de estética vintage bautizada como El Kiosko, se instaló por primera vez en un bulevar del madrileño municipio de Las Rozas hace dos años. A los dos meses le empezaron a llamar para mercados gastronómicos y todo tipo de eventos. Desde entonces no ha parado y entre sus logros está el patrocinio de Mahou. Su producto estrella son las hamburguesas de carne de buey con pan de cerveza y semilla de amapola y los perritos calientes con pedigree. El menú sale por unos 8 euros.


La furgoneta Citroën HY es una de los más demandadas. / STREET FOOD MADRID

Antes de lanzarse a la aventura de los food truck es imprescindible una mínima experiencia en hostelería,asesoramiento de expertos sobre licencias y los permisos legales necesarios y sobre todo, señala De la Cuerda, ser consciente de que no basta con el furgón; hay que disponer de un local que sirva como centro de logística del negocio. “En algunos eventos hemos vendido mil hamburguesas en un fin de semana. Los que piensen que esto funciona usando la nevera de casa y el coche propio para transportar la mercancía están muy equivocados”, cuenta este madrileño de 42 años, que es propietario de dos restaurantes. De hecho, para la próxima edición de Madreat, el mayor evento de food trucks de España que se celebra cada tercer fin de semana de mes junto a la Torre Picasso, la Consejería de Sanidad madrileña exige que todos los participantes tengan un centro de producción en Madrid.

Para ayudar a los emprendedores a dar los primeros pasos, el cocinero vasco Aitor Apraiz ha lanzado la plataforma online Food Truck Ya, en la que se puede contactar con proveedores de vehículos, de materiales de cocina o con organizadores de eventos de diferentes regiones. Su intención es servir de ventanilla única y para ello disponen de una pestaña con consejos para principiantes. La fusión de sus recomendaciones con las de otros expertos ha dado como resultado esta guía:

1-Decidir qué se quiere cocinar. ¿Croquetas fluidas? Suena bien, pero igual no controla esa técnica. Es importante definir la oferta gastronómica que se quiere servir, aquella con la que se sienta cómodo. "Hay tantos tipos de food trucks como personalidades culinarias. Solo hay que encontrar un registro", asegura Aitor Apraiz. En función de los productos que se sirvan, se escogerá un tipo de vehículo. “Un modelo clásico de los años 70 puede requerir una grúa para su traslado, ya que la maquinaria no es tan potente como para soportar muchos kilómetros. Ese detalle hay que tenerlo en cuenta. El vehículo debe estar homologado y todas las modificaciones que se le realicen deberán quedar registradas en su ficha técnica”, apunta José Miguel García, presidente de la asociación Street Food Madrid.

2-Estudiar el mercado y comprobar que la idea puede triunfar. Si la idea es vender productos sin gluten, hay que asegurarse de que existe demanda. Para ello hay que hacer un estudio de mercado y no basarse únicamente en lo que otros han hecho. Una buena fórmula es alquilar un food truck un fin de semana y participar en algún mercado o evento gastronómico. La empresa Retrotrucks alquila modelos de las décadas de los 50 y los 70 desde 500 euros al día y 850 el fin de semana completo. Para ello es necesario disponer del carnet de manipulador de alimentos y del permiso municipal pertinente para poder vender en algún recinto. “Las maneras de rentabilizar el vehículo y la marca son infinitas. Los eventos son solo una parte del negocio, están las bodas, los festivales de música, los locales privados y hasta las islas desiertas. Hay que ser creativo”, apunta José Miguel García.


Un 'food-truck' de venta de vinos. /STREET FOOD MADRID

3- Calcular la inversión, los costes y los posibles ingresos. Hay tres tipos de vehículos: las caravanas (el modelo más económico), las camionetas vintagede los 50 y los 70 y las furgonetas más modernas. “La Citroën HY es la más vendida. Se puede encontrar con un largo de 2, 4 metros hasta 3,2 desde 30.000 euros”, cuenta Fátima Humanes, propietaria de Mundo Tracción, empresa de restauración y personalización de este tipo de vehículos. Contactar con un propietario de un food truck y preguntarle sobre los costes e ingresos sería lo idóneo. Si no se consigue, Aitor Apraiz aconseja acudir a algún evento, observar durante todo un día la actividad de uno de los puestos y hacer un cálculo aproximado de cuántas unidades se han vendido.

4-Diseñar una marca, una web y un perfil en redes sociales. Esta es una de las principales diferencias con los tradicionales puestos ambulantes. Hay que crear una marca con un logotipo. “Ahora está muy de moda ser foody (amante de la gastronomía) y a la gente le encanta subir a las redes fotos de platos deliciosos y compartirlas. Hay que saber aprovechar ese tirón”, asegura Aitor Apraiz. “Este sector se basa en la innovación y muchas veces entra por los ojos. Hay que trabajar muy bien la web y conseguir que crezca el número de seguidores en la redes y que siempre sepan dónde vas a estar”, detalla José Miguel García.

5- Informarse de la normativa municipal y alimentaria. “Hay municipios donde la actividad va a estar muy limitada a los eventos o ferias, pero hay otros (cada vez más) donde hay muchas más posibilidades”, cuenta José Miguel García, que además de presidente de la asociación Street Food Madrid es abogado especializado en temas alimentarios en el despacho Montesinos Viejo. En cuanto a la normativa alimentaria, hay cuatro aspectos importantes. Si se comercializan productos preelaborados, se necesitará un establecimiento autorizado. Además, es esencial tener un sistema de identificación de lotes y de proveedores. La estructura de trabajo y los procesos de elaboración y venta deben cumplir con la normativa higiénico sanitaria. Por último, “conocer el producto y poder informar al consumidor sobre alérgenos o procesos de elaboración en los que pueda existir contaminación cruzada es absolutamente esencial”, destaca.

Entre los requisitos legales, el propietario del food truck debe tener el carnet de manipulador de alimentos, estar dado de alta en el Impuesto de Actividades Económicas (IAE), y estar al corriente de pago en la Seguridad Social, en las tasas municipales y en el seguro de responsabilidad civil.

(Ana Torres Menárguez. El País, Madrid, 7 jul 2015)
(gràcies Joan R)

6 de juliol del 2015

Puck cinema, proyectando dentro de la roulotte

vía Habitar | grupo de investigación


Toni Tomàs y Carles Porta, diseñadores gráficos, ilustradores, artistas en general, decidieron un día reciclar una caravana y convertirla en cine infantil. La compañía, puck cinema, se pasea por los pueblos y festivales proyectando sus películas de dibujos animados en el interior de una pequeña roulotte. Cuando se instala la expectación es máxima: montan sus taburetes, paneles informativos y otros cachivaches alrededor de la caravana que deviene un nuevo artefacto en la plaza del pueblo, un icono lleno de color que atrae a cualquier paseante. Los niños, curiosos, rodean el vehículo y una vez conocido el contenido de la próxima proyección, hacen cola con sus padres para ver conjuntamente la película introduciéndose en la cápsula. Con ello los autores promueven la experiencia del cine de intimidad: sólo 8 personas, sólo 10 minutos de proyección, la pantalla a menos de dos metros, el techo a pocos centímetros… una experiencia cinematográfica pensada para los más pequeños.



Más allá del contenido de las películas, el experimento de puck cinema nos permite reflexionar sobre el término escala –cómo la instalación de un cinema, que ha ocupado de forma clásica grandes edificios en la ciudad, puede reubicarse en el mínimo espacio de la caravana– y mezclarlo con el hecho, más común, de lo que supone una proyección al aire libre. El cine a descubierto siempre es un evento que revoluciona un pueblo, un barrio. De pronto una colectividad se centra en un punto, entra en otra dimensión situada fuera del lugar, y por otro lado, el espacio público, a oscuras, se ilumina al ritmo de la película y al ritmo del ruido de la película. En la experiencia de puck cinema, sin embargo, lo que activa el espacio público no es la proyección (que más bien busca para el espectador el efecto contrario al del cine al aire libre), sino el evento en sí: la expectación, los niños ilusionados, la cola delante la pequeña puerta de la caravana se suma a la introducción en este espacio de un artefacto estrafalario por su color, diseño, forma y, sobretodo, por su uso erróneo: una caravana debe estar en un camping, no protagonizando una plaza, una calle.



La ubicación de un artefacto inesperado en un espacio concreto es algo que siempre nos sorprende. Precisamente por sorprendente, es un recurso propio de las exposiciones y ferias… A la vez es un fenómeno que explica nuestra curiosidad al observar algunos edificios reutilizados –las imágenes de la Seu Vella de Lleida ocupada por los militares– , o con utilidades de emergencia –un pabellón ocupado por los afectados de una catástrofe natural… También, por su vistosidad, el puck cinema provoca algo que se acerca al sun inside de la Tate Modern de Londres, una sorpresa por desubicación. Es como cuando, en distintas protestas, se introduce una vaca en los despachos del departamento de agricultura, o, cogiendo un ejemplo de más culto, se celebra una comida benéfica en el interior de una iglesia. En el caso de puck cinema, además, la sorpresa por desubicación se busca mediante recursos comunes de los campings: la roulottenunca va sola, despliega a su alrededor todo el atrezo vacacional que funde el espacio circundante con lo que ocurre en el interior del artefacto.



La caravana, además, es un hábitat pluriempleado: hoy son comunes loseatstreets, ferias donde confluyen roulottes tuneadas como cocinas que se desplazan y convierten el espacio urbano en la reproducción en planta baja de un casco viejo, a lo Donostia, con sus bares y su gente bebiendo y comiendo en la calle. La caravana tiene una alta capacidad para generar espacios urbanos efímeros. Este hecho ya sorprendió a los Archigram y tantos otros teóricos de lasintant cities, pero sigue sorprendiéndonos cuando pernoctamos a un camping, acudimos a una feria, o observamos un campamento gitano apareciendo y desapareciendo de un descampado. Con puck cinema añadimos a la caravana y al despliegue que conlleva capacidad de atracción y el fenómeno de la mini-monumentalidad… atributos múltiples que poco podrían imaginar aquellos que promovieron este experimento tan simple como es ponerle dos ruedas a una casa.


15 de maig del 2015

cuatro ideas para que las calles sean lugares para reconstruir las comunidades

Este artículo fue inicialmente publicado en Plataforma Urbana.

Honfleur, Francia. Imagen © FranekN, vía Flickr.

La masificación de los automóviles a inicios del siglo XX y la creación de infraestructura para su uso son hechos que terminaron por modificar el paisaje de las ciudades y la vida de sus habitantes.

Si bien desde antes de la irrupción de los autos el lugar para las relaciones sociales eran las calles, hoy en día lo siguen siendo, pero de una manera algo condicionada al tránsito.

Frente a esto, es interesante conocer lo que plantea Project for Public Spaces (PPS) en su investigación “Calles como lugares: Usando las calles para reconstruir las comunidades”, sobre la que te contamos a continuación.

George Street, Sydney, Australia. Imagen © Project for Public Spaces.

En este estudio, la organización estadounidense parte de la base que para restaurar la vida comunitaria en las calles, es esencial liberarlas de la dominación de los vehículos con motor e intervenirlas mediante un enfoque integral. En este sentido, PPS sostiene que las calles deben adoptar elementos que caractericen cómo es una comunidad, cuáles son sus necesidades y aspiraciones.

Para esto, elaboró los siguientes cuatro puntos en los que entrega consejos sobre cómo hacer que las calles se transformen en lugares en donde las personas quieran pasar parte de su tiempo.

1. Espacios y atractivos

Las aceras no solo hacen posible que lleguemos a nuestros destinos, sino que también cumplen una importante función social, en donde es posible encontrarse con un conocido o que se creen momentos para conocer a nuevas personas.

No obstante, es común que estos espacios no tengan un diseño adecuado y que, por lo mismo, compliquen los desplazamientos. Para evitar esta situación, lo ideal es que las aceras lleven hasta los destinos y que realmente sirvan para conectar con estos lugares.

Biblioteca pública de Nueva York. Imagen © Project for Public Spaces.

Asimismo, lo ideal es que en las aceras hayan ciertos atractivos, como obras de arte público, ya que se ha demostrado que son capaces de expresar el espíritu de un lugar y de fomentar la interacción entre las personas. También se propone que se instalen flores, debido a que sirven como un primer paso para iniciar un cambio de revitalización mayor.

Una tercera idea es contar con lugares para sentarse y que se conecten con espacios atractivos visualmente. Finalmente, una idea es que las calles cuenten con signos, ya que así la gente va a confiar en que podrá ser guiada hasta sus destinos de una manera fácil de entender.

2. Celebraciones, espectáculos y reuniones

Desde siempre, las fiestas típicas locales o nacionales se desarrollan en las calles o en los parques. Este espíritu de celebración es lo que se debe incentivar en las ciudades como una manera de traer de vuelta a los espacios públicos a un mayor número de personas y así lograr que se conecten en torno a las tradiciones comunes. Incluso, de esta manera es posible crear un sentido de orgullo y pertenencia, de acuerdo a lo planteado por PPS.

3. Administración y Mantenimiento

Entre los elementos básicos que deben estar presentes en un espacio público se encuentran la limpieza y la mantención, ya que a través de éstos se pueden dar a conocer otras características del lugar, como por ejemplo, sobre la seguridad.

Sin embargo, no solo estos elementos son primordiales para la buena gestión de un lugar, ya que también se debe considerar la entretención a través de los eventos que se pueden hacer en un lugar y que atraigan interés de las personas para visitar el lugar.

4. Participación de las comunidades

Es muy común que cuando se inaugura un nuevo espacio público o se entrega tras una remodelación, exista la inseguridad de que al poco tiempo va a estar descuidado.

Cathedral Square Market, Milwuakee, Wisconsin. Imagen © Project for Public Spaces.

Sin embargo, PPS cree que si se se involucra a las comunidades en su cuidado, se genera un sentido de propiedad que incentiva a las personas a desarrollar actividades de mantenimiento. De esta manera, se hace posible que los ciudadanos tengan la confianza para controlar sus destinos.

El estudio de PPS se puede descargar desde aquí.
Este artículo fue inicialmente publicado en Plataforma Urbana.

21 d’octubre del 2014

entre la casa y la calle



Este jueves 23 de octubre a las 20:15h, se presenta en PLANTA BAJA, Logroño, la publicación

“ReHabitar en 9 episodios”

realizada por el grupo de investigación HABITAR del Departamento de Proyectos Arquitectónicos de la UPC. Con este motivo inauguraremos la exposición

“La calle, espacio común activo”

fruto de la doble mirada entre el grupo HABITAR y 2L arquitectos.
Contaremos con los arquitectos Roger Sauquet e Iñaki Tarragó, quienes nos explicarán los planteamientos de su trabajo. Como siempre, será un placer compartir con vosotros junto a un vino nuestras miradas más urbanas.


Las actividades están organizadas por PLANTA BAJA y el grupo HABITAR, con la colaboración del Colegio de Arquitectos de La Rioja y Fundación Cultural COAR.

PLANTA BAJA
calle La Cigüeña 10
26004 Logroño

"PLANTA BAJA es un espacio abierto de encuentro, exposición y venta ubicado en Logroño. El mundo imaginario recreado por 2L arquitectos en el misterioso local de la calle Cigüeña incita a la investigación visual. Arte, artesanía, diseño, mobiliario, moda… nuestra mirada tropieza con cientos de curiosos objetos selectos cuya colocación es aparentemente casual".


(http://www.plantabajamilan.com/) - en construcción

29 de setembre del 2014

domesticar la calle

                     extracto de la exposición Rehabitar [3] la calle 
                     (Ministerio de Vivienda, septiembre 2010). 
                     revisado y editado como capítulo en Rehabitar en nueve episodios 
                     (Lampreave, 2012 [2a ed. 2013]). 

calle Enric Granados en Barcelona. a pesar de ser una vía con prioridad para el peatón, 
conserva y potencia innecesariamente el carácter de infraestructura especializada.

En nuestras calles abundan elementos poco domésticos, como el asfalto, los coches, cierto tipo de farolas o señales de tráfico. Es el lenguaje propio de una infraestructura. Domesticar la calle significa alejarla de esta configuración de infraestructura y acercarla, mediante elementos y actividades, a su condición de lugar, asumiendo toda la complejidad que ello supone y que no puede reducirse a una simple fórmula de peatonalización. Si domesticar proviene de domus –casa en latín– podríamos decir que una ‘calle domesticada’ es aquella en la que uno se siente y actúa ‘como en casa’. Para ello, es esencial que la calle pueda incrementar el roce mutuo que ejerce sobre las personas para que éstas tengan la posibilidad de arraigar en ella y el espacio urbano se contamine de su presencia y su actividad social.

La arquitectura moderna ha intentado muchas veces mezclar la calle y la casa, pero este viaje se ha hecho sólo en una dirección: la de acercar la calle a la casa. ¿Qué ocurriría si, en lugar de llevar la ciudad a la casa –cuya expresión más poderosa es la rue intérieure propuesta por Le Corbusier– propusiéramos llevar la casa a la calle?

El cierre al tráfico de calles y avenidas los sábados y domingos, las fiestas populares en verano o los mercados ambulantes que se instalan y se desmontan a diario en nuestras ciudades son usos que, a nuestro entender, ya nos están acercando a una forma de usar la calle más doméstica y con mayor capacidad de intervención por parte de los ciudadanos. Rehabitar la calle es promover que éstos y otros usos colectivos encuentren el modo de producirse, utilizando para ello los recursos propios del momento presente sobre la ciudad que hemos heredado. 

Times Square, prueba piloto de cambio de uso temporal, 2009

Algunas pruebas piloto como la que, en 2009, convirtió Times Square de Nueva York en una playa de hamacas durante los fines de semana, apuntan en esa dirección e invitan a utilizar nuestras calles, incluso las más transitadas, al margen de la disciplina que impone la circulación.

Nos hemos fijado en que muchos de los usos que pueden desarrollarse en la calle y muchas de las formas de utilizarla son y pueden ser temporales. ¿Qué sentido tiene condicionar el espacio público a unos pocos usos permanentes cuando podemos compatibilizar, mediante horarios, muchos otros usos? Del mismo modo que los semáforos regulan intermitentemente el paso de vehículos y personas, otros mecanismos similares podrían regular el uso de la calle por horas, estaciones, jornadas, o fines de semana. 

Aldo van Eyck, calle nevada

Atender a cómo y cuándo usamos la calle es imprescindible para empezar a rehabitarla. Sin embargo, para que esta implantación de usos pueda ser efectiva, cambiante y duradera reclamamos que el diseño sea menos especializado y más genérico, apto por igual para circular que para jugar, o para la venta ambulante o el descanso, para el día a día o para las ocasiones singulares; un espacio público más próximo a la idea que en su momento expresaba Aldo van Eyck a través de una calle nevada. Es entonces cuando sólo se perciben con claridad unos pocos elementos de referencia: árboles, farolas y poco más. Una calle así es un una hoja en blanco, un espacio sin atributos que permite utilizarlo como queramos, listo para acoger cualquier actividad. Deberíamos preguntarnos si todo lo demás no es superfluo.

Henk Hofstra, Water is Leven, 2007

La supresión de elementos en la calle nevada de Van Eyck nos interesa no por su aspecto visual, sino porque evidencia cuán especializadas están nuestras calles y cuán dependiente de un único uso es su diseño. Rehabitar la calle es también una invitación a reconsiderar el estrecho funcionalismo de los elementos que ocupan el espacio público. La instalación Water is leven (El agua es vida, 2007), realizada en Drachten por el artista holandés Henk Hofstra puede ilustrar esta cuestión. Hofstra pintó una franja azul de un quilómetro en una calle para recordar el trazado de un antiguo canal. En este caso, la calle no tiende a vaciarse sino, al contrario, se llena de color y de información histórica pero, sobre todo, se muestra de forma distinta a la habitual, recordándonos que una simple modificación como ésta altera profundamente la percepción del espacio urbano y, con ello, nos brinda la posibilidad de observarlo como si fuese la primera vez, disponible para ser pensado de nuevo al margen de los convencionalismos.

Federico Fellini, escenas de Roma, 1972

Historia, acciones cotidianas, movimiento… todo cabe en la calle. Las escenas de la película Roma (1972) de Federico Fellini, muestran la noche en las calles de la ciudad en las que conviven el tranvía y los niños jugando, los transeúntes y los comensales de las trattorie populares, como una clara expresión de esta complejidad que encaja y proviene de la forma de utilizar el espacio público propia de la Europa del sur. Proponemos la aceptación sin complejos de un desorden aparente que no es más que la expresión de nuestra convivencia. Y aclaramos: conseguir domesticar la calle no requiere ni demasiadas obras ni demasiados gastos. Antes que las caras y molestas reformas que nos asolan constantemente proponemos realizar algunas pruebas a modo de tanteo. Para desarrollar nuevas experiencias sólo se necesita sentido crítico, voluntad, y un par de conos, quizá, para cortar el tráfico.



En definitiva, calles concebidas como lugares, no sólo como infraestructuras. Calles menos diseñadas, menos reguladas, más flexibles. Del mismo modo que reclamamos flexibilidad en nuestras viviendas, también lo reclamamos para la calle. Calles cuya superficie no debe resultar triturada por la demarcación de usos, calles con pavimentos más igualitarios que permitan un uso social más espontáneo. Calles con obstáculos, con mayor rozamiento con sus paredes, con comercios “nudosos”. Comercios con toldos que protegen a los peatones del sol y de la lluvia y evitan el uso indiscriminado del aire acondicionado. Calles con horarios, que permiten usarse según las horas, según los días y según las estaciones, de distintas maneras. Rehusamos bautizar las calles como peatonales porque todas lo deben ser, o no?

(c) Habitar grupo de investigación (SGR 2014/472)

8 de gener del 2014

NYC streets metamorphosis

from Streetfilms on Vimeo

"Streetfilms produces short films showing how smart transportation design and policy can result in better places to live, work and play. Founded in 2006, Streetfilms has become the go-to organization for educational films about sustainable transportation, and inspires action and behavioral change worldwide.

NYC Streets Metamorphosis from Streetfilms on Vimeo.

There's nothing more dramatic than looking back five or ten years at Streetfilms footage to see how much the streets of New York City have changed. In this wonderful montage, check out the incredible changes at Times Square, Herald Square, the Brooklyn waterfront, and many other places that outgoing NYC DOT Commissioner Janette Sadik-Khan and her staff have intrepidly transformed.

Streetfilms has similarly high hopes for Mayor Bill de Blasio as he takes office, and look forward to what he and new NYC DOT Commissioner Polly Trottenberg accomplish. Even though so much has changed, the vast majority of NYC streets still need to be rethought and redesigned. We need more space for efficient modes, slower speed limits, and traffic calming for our most vulnerable citizens. I hope this short gets them excited to top the transportation record of the Bloomberg administration."

(thanks to Jordi Quetglas)

8 d’octubre del 2013

un dinar al carrer / una comida en la calle


Palerm, 8 de juny de 2013. La Via dei Cassari porta fins al mercat de la Vucciria. No és fàcil definir aquest mercat, que ocupa els carrers i les places d'aquest barri amb l'exuberància dels seus productes, la multitud i varietat de gent comprant, passejant i portant mercaderies sota els tendals que pràcticament cobreixen tot l'espai, il·luminat per bombetes nues de vapor de mercuri i d'incandescència. Des d'alguna terrassa del primer pis, els comensals d'un local observen l'activitat mentre parlen. És un ús del carrer tan intens que ens remunta a una Europa medieval extingida. El quadre Vucciria (1974) de Renato Guttoso la retrata molt bé, però difícilment substitueix l'experiència directa de tots els sentits treballant alhora.

A la Via dei Cassari hi ha una trattoria popular on es menja molt bon peix. Dins el local la calor és sufocant i la gent ocupa part del carrer amb les taules. No hi ha lloc disponible per a tres persones més, però la signora dóna instruccions al seu marit des de la cadira on s'està ventant a l'ombra. En pocs minuts una taula quedarà lliure per a nosaltres. Fins aquí, una situació convencional.


És llavors quan arriba un grup de 16 persones, editors i escriptors italians de la fira del llibre que té lloc al veí claustre de San Domenico. La mestressa veu immediatament que l'estratègia ha de ser una altra i dóna noves instruccions. Acte seguit, el seu marit, un ajudant i el cuiner surten del local i es divideixen la feina: l'ajudant escombra l'aigua d'uns dolls al costat oposat del carrer, enretira unes plantes i unes motos per a fer lloc, mentre els altres dos homes van a manllevar unes quantes taules i cadires al bar de la cantonada, buit a aquelles hores, i el para-sol d'una botiga de més amunt. Entre tant, ens hem posat d'acord amb el grup d'escriptors i decidim dinar plegats; segur que tenim tema de conversa. Taula per a 19.


Mentre un dels homes va a comprar pa al forn, l'altre para la taula amb l'ajut dels clients i l'altre canta els plats del dia. En un instant el carrer s'ha transformat. Ha aparegut un lloc on abans només hi havia un aparcament improvisat. Els objectes que esperaven inerts s'han reunit i activat amb la nostra presència. Els establiments veïns ens han donat mostres de pertànyer a una comunitat que no dubta a col·laborar quan toca. Al carrer com a casa. 

La companyia ha estat molt grata i el dinar deliciós: pasta amb peix espasa o amb fruits del mar de primer; tonyina o peix espasa a la graella de segon; de la Vucciria al plat.

4 de juny del 2013

reinhabiting a street, by Beforelight

Communal lighting installation from donated fixtures
Beforelight studio
Athens, Greece, 2010
Opening night. © Aris Kamarotos

Located in the heart of Athens, Ittaki is a small street in Monastiraki area, one of the most characteristic quarters with narrow and winding lanes and small buildings that date back to Byzantine and Ottoman period. This street hosts only a few small shops, very few residents and an amazing lighting installation.

Beforelight, a Greek based creative Studio that experiment with the use of light, in collaboration with Imagine the city, a cluster for city branding and urban renovation, has invited and mobilized the residents to donate their old luminaires, fixtures and lamp shades in order to transform the abandoned street of old central Athens into a homely space, with the site-specific installation "Synoikia", that means neighborhood.

View from the top with the acropolis in the background. © Adam Alexopoulos

An abandoned shop was temporarily transformed into an open workspace for people to gather, observe and participate in the development of the project. 
A process of repairing, testing and waterproofing the lamps engaged volunteers that, in collaboration with greek creative studio Beforelight, prepared more then 150 lamps to create a colorful ceiling over the street, in an effort to encourage the public collective experience with artificial light.
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