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10 de setembre del 2016

'la cocina pública'

Cuando la cocina sale a la calle

Teatro Container
FiraTàrrega 2016, feria de teatro en la calle

En la cocina desarrollamos la creatividad conectando con nuestra tradición culinaria. Al preparar un plato, al determinar y combinar sus ingredientes, operamos en el mismo territorio de la creación artística. La 'Cocina pública' es una cocina ambulante, albergada en un contenedor marítimo. Una experiencia en busca de recetas y de aromas que hacen aflorar historias, que rememoran personajes y que revelan momentos íntimos cargados de sabores y de humanidad. Los vecinos del barrio cocinan con los comensales, generando un sabroso encuentro social que permite el reconocimiento de las distintas costumbres culinarias de los habitantes de un territorio. El espectáculo incluye una comida que no contempla intolerancias alimentarias.

Los espectadores más madrugadores de FiraTàrrega 2016 han comenzado a degustar las primeras propuestas de la programación, algunas tan sorprendentes como la del colectivo chileno Teatro Container que ha llevado su 'Cocina pública' al patio de la escuela Àngel Guimerà de la capital del Urgell. El público se sumerge en una especie de comida familiar de una cocina ambulante albergada en un contenedor marítimo. De esta manera, FiraTàrrega repite con una propuesta gastronómica en su programación tras el éxito de los mexicanos Vaca 35 de la pasada edición, en la que también se ofrecía una combinación de teatro y comida para sorprender a los espectadores. En la propuesta de este año se buscan recetas, con productos Km 0 que en este caso han sido piña con jamón y conejo al ajo elaborado por cocineras de Tàrrega.



Los actores principales de 'La cocina pública' son los vecinos y los vecinos cocineros, que preparan recetas junto con los comensales, el público, generando un mezcla de sabores colectivos que permite reconocer y disfrutar de las diferentes prácticas y costumbres culinarias de las mesas del mundo.

Los miembros de la compañía chilena llegaron hace seis días a la capital del Urgell con una sola una maleta como equipaje. A partir de aquí y mediante el contacto con vecinos y entidades como Cáritas o los scouts han logrado conformar la escena de su espectáculo, ubicado en un contenedor de transporte acoplado a un comedor al aire libre, cubierto por una lona elaborada por diversas prendas.

La propuesta de este colectivo chileno, nacido en Valparaíso tras la puesta en marcha del Festival Teatro Container el año 2008, se presenta como un dispositivo de intercambio, producción y registro de contenidos culinarios. Una especie de cocina nómada, de estética doméstica y cálida que, enmarcada en un contenedor marítimo, viaja por los barrios creando encuentros sociales en torno a la mesa.

(extracto de festadirecte.cat)

18 d’abril del 2014

cultura en el salón de casa

M. Elena Vallés. Diario de Mallorca, 14/12/2012
Los recortes en los espacios culturales institucionales han desencadenado nuevos sistemas de consumo como los explotados por la asociación Cultura a Casa o por el Teatre del Mar con ´La Visita´. El clásico espectador puede convertirse ahora en programador ofreciendo por unas horas un espectáculo profesional representado en las habitaciones de su domicilio.


PALMA. Son las 9 en punto de la noche. Un correo electrónico nos cita a esa hora en la calle de la Pelleteria para trasladarnos junto a otro grupo de interesados a una dirección secreta, en concreto a una casa particular en la que van a tener lugar tres representaciones teatrales simultáneas. Al principio de la calle, ponemos cara y ojos a uno de los cabecillas de la asociación Cultura a Casa, con la que hemos contactado para catar una experiencia cultural en un espacio doméstico, privado y personalísimo como el salón o comedor de nuestro piso. La gestora cultural Tina Codina (Tres Serveis Culturals) va y viene de lado a lado en Pelleteria –cual maître de restaurante bullicioso y solicitado– atendiendo las reservas de aquellos que previamente se han puesto en contacto con la asociación vía mail o redes sociales. "El hecho de no conocer la casa donde se va a llevar a cabo el espectáculo y ni siquiera el barrio en el que está, engendra una emoción similar a la de una cita a ciegas", explica Codina. Y así es: la gente está cuando menos intrigada. En diez minutos, nos congregamos aproximadamente unas 45 personas (el aforo siempre es limitado y se calcula en función de las características de la vivienda) que ponemos rumbo a una casa desconocida para todos nosotros. 


Hace de cicerone el editor Miquel Ferrer, el otro cabecilla de la asociación que cuenta también con el apoyo de Miquel Àngel Cañellas, Bita Bennàssar y Mari Pau Ruiz. Caminamos varios metros y nos detenemos frente a un portal de la calle Sol. Misterio despejado. Es una casa grande con terraza. La dueña es la convecina Antònia Fuster. En el zaguán y en riguroso orden de llegada, los futuros espectadores se inscriben como socios en la asociación y hacen una aportación de 5 euros para que todo cumpla la legalidad. Luego, atienden a la exposición que hace la compañía Trampa Teatre (que acaba de poner en marcha la iniciativa Mi casa habitada, en la que se ofrecen a improvisar en casas particulares) sobre la dinámica del espectáculo de esta noche [la del pasado 21 de noviembre]. En concreto, los ocho actores del grupo van a representar tres improvisaciones de 15 minutos en el vestíbulo, en el taller de costura y en la terraza de la casa. Por ello, los invitados se dividen en tres grupos que deambulan por escenarios inéditos. Tras la experiencia, tanto el público como el anfitrión se despedirán a veces con una copa y otras con una cena. Es el momento de intercambiar impresiones.