¿Cómo se puede cuantificar el espacio que cada persona necesita? ¿Cuál es el espacio apto para la habitabilidad, entendida como “calidad de vida“? Si bien existe normativa como el código técnico que obliga a respetar unas ciertas dimensiones de los espacios para garantizar una buena higiene y hábitat, entre otras cosas, y teniendo en cuenta la temporalidad de las leyes (hecho que se demuestra con la susceptibilidad al cambio de algunas normativas), nos preguntamos cuál es el límite de la “eficiencia espacial” o dicho de otra forma, la economización del espacio o superfície en relación a la calidad de vida de las personas.
Empezamos repasando uno de los movimientos que, sin dejar de plantear visiones utópicas para las ciudades del momento, también propuso (e hizo realidad en algunos casos) esta concepción de vivenda-cápsula, entendida como un módulo o celula reproducible y expandible.
“El Metabolismo: propuestas para un nuevo urbanismo”
Temas globales y tan actuales como el metabolismo de la ciudad, la simbiosis, el reciclage, la ecología, el ecosistema o la información, emergieron ya a los años 60 con Kisho Kurokawa, un arquitecto japonés fundador en el 1960 del movimiento Metabolista. En esta primera parte del artículo hablaremos de este movimiento y de algunas de las propuestas de ciudad que surgieron.
