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28 de juliol del 2015

'disponible': locals desocupats a la ciutat

Urban Commerce, Jornada 2013
Locales comerciales : nuevos usos, alternativas y oportunidades
jueves 26 de septiembre, Vitoria-Gasteiz
ponencia de Pere Fuertes, “Disponible” : las plantas bajas desocupadas en la ciudad compacta.


Fotomontaje de la calle Sant Pere Mitjà como posible mercado

En la calle Sant Pere Mitjà, en el distrito de Ciutat Vella de Barcelona, 67 locales de un total de 99 están cerrados al público. El diagnóstico es complejo. Incluye la morfología de la calle, su escasa conectividad urbana, la situación del barrio de Sant Pere, los flujos de personas, pero también los parámetros normativos que regulan la instalación de nuevas actividades o la dificultad de promover iniciativas sobre la base de acciones puntuales.

En un estudio presentado a la Jornada Urban Commerce 2013 en Vitoria, se plantea un proceso de revitalización de Sant Pere Mitjà que resulta de considerar la especialización de la calle como alternativa a la dispersión actual, de favorecer la expansión del espacio público y la permeabilidad de las plantas bajas, de reforzar la identidad de la calle y de proponer un modelo de gestión conjunta del ámbito. Estas medidas configuran, en su conjunto, una estrategia que debería permitir el establecimiento de actividades en las plantas bajas y la simultánea regeneración del espacio público.

1. Especialización como alternativa a la dispersión

El distrito de Ciutat Vella ha recurrido a un Plan de usos para regular la presión ejercida desde varios sectores económicos, en particular, desde la industria turística. Fijando límites para estos usos, se pretende reequilibrar las actividades que dan servicio a los residentes y a los ciudadanos en general. No obstante, casos como el de Sant Pere Mitjà permiten observar que esta fórmula basada en la dispersión de los usos potencialmente nocivos no estimula la implantación otras actividades con un mayor retorno social, a pesar de que la densidad residencial de la calle y de su entorno inmediato haría prever una situación muy diferente. La suma de iniciativas individuales resulta insuficiente para establecer las complicidades necesarias que permitan revertir esta situación.


Planta del ámbito de Sant Pere Mitjà indicando los locales cerrados

Es necesario un cambio de criterio que permita hacer la pregunta adecuada: ¿qué actividad puede ocupar los 6.000 m2 de superficie comercial y de trabajo disponibles en plena Ciutat Vella? Una cifra que podría doblarse con la superficie de locales desocupados en las travesías de Sant Pere Mitjà. Sólo con el techo de actividad considerado, es posible establecer comparaciones reveladoras del potencial de esta calle: las galerías comerciales Bulevard Rosa ocupan una superficie de unos 5.000 m2 en el interior de una manzana del Eixample; el mercado de la Boquería cuenta con 6.876 m2, mientras que una planta del centro comercial El Corte Inglés de plaza Catalunya tiene un techo de 6.275 m2.

Sin dejar de ser una calle, Sant Pere Mitjà podría asumir el papel de espacio de conexión entre los 67 locales desocupados, y entre éstos y la ciudad. Permitiría asimilar el conjunto de la calle y sus travesías a un bazar, una galería o un mercado, conectado con la ciudad por las once ‘puertas’ de su perímetro. Cómo en los ejemplos citados, la especialización es clave para dar verosimilitud a la hipótesis de un espacio comercial y de trabajo considerado conjuntamente. En el caso de Sant Pere Mitjà y sus travesías, la vía hacia la especialización de la oferta podría compensar el aislamiento de la calle con el conocimiento de la actividad que se desarrolla.

No se trata de sustituir los locales que ya están en funcionamiento, sino de incorporar un porcentaje significativo de nuevos usos interrelacionados, suficiente para hacer identificable la calle dentro de la oferta de la ciudad y capaz, a su vez, de servir como catalizador de intervenciones posteriores atraídas por los cambios experimentados. Parte del atractivo de desplazarse hasta aquí sería justamente la agrupación de estos locales, como sucede en varios ejemplos actuales de concentración especializada dentro y fuera de Barcelona.

Sería necesario elaborar una propuesta de actuación capaz de determinar qué tipo de productos o servicios serían los adecuados para este nuevo bazar, teniendo en cuenta las limitaciones físicas y normativas, pero también en función de la estrategia que se quiere seguir para su desarrollo, que cuente con la propia calle como espacio de relación.

Las actividades potenciales deben hacer compatibles la producción de bienes y servicios con aulas taller y espacios de exposición y venta, como podría ser un mercado de segunda mano, de reparaciones y reutilización o de talleres artesanales; es decir, actividades que permitan completar todo su ciclo productivo en un mismo lugar y que den pleno sentido a la especialización.

2. Expansión del espacio público y permeabilidad de las plantas bajas

La anchura de la calle Sant Pere Mitjà –entorno a los 3,3 metros– no debería ser entendida como una limitación, sino como una ocasión para la singularización. Las dimensiones casi domésticas de su trazado permiten establecer una relación de proximidad que, en ausencia de tráfico rodado, convierten la calle en un ‘pasaje’ que conecta los diversos locales, casi cómo sucede en una galería comercial o en un mercado. Desde este punto de vista, la calle puede sacar partido de su anchura, permitiendo una mayor interacción entre los locales, y entre éstos y los peatones. No obstante, hay que considerar adecuadamente este parámetro para evitar una ocupación permanente del espacio público que suponga un conflicto con las 556 viviendas censadas en la calle. Por este motivo, podemos hacer una mirada interesada a las consecuencias que está causando en la ciudad la aplicación de otra normativa.

Desde la modificación de la llamada Ley Antitabaco, Ley 42/2010 de 30 de diciembre, en muchos establecimientos del ámbito de la hostelería es cada vez más habitual la reserva de un espacio de entrada cubierto pero al aire libre, que se ha obtenido desplazando el cierre del local o haciendo habitable el ancho del muro con la incorporación de mobiliario adaptado. Se trata de espacios donde la ley permite el consumo de tabaco y que no requieren permiso de ocupación de la vía pública, como sucede con las terrazas y los veladores, sometidos a tasas municipales. Esta combinación de factores es clave para su éxito. En el caso de Barcelona, donde el clima invernal es benigno, estos espacios umbral son ocupables prácticamente todo el año. Trascendiendo los factores que los han originado, se trata de ámbitos que han ampliado el contacto directo con el peatón, invitándolo a hacer uso; hasta el punto que otros locales, con independencia de la actividad que desarrollan, pueden tomar nota de este hecho.

La calle Sant Pere Mitjà puede beneficiarse de esta práctica, diluyendo la separación entre espacio público y privado de forma que se fomente la interacción entre los dos y aumente la superficie disponible para usos vinculados a la calle. Ampliada por la presencia de estos espacios umbral, la calle pasa a ser una unidad indisoluble con las plantas bajas en beneficio mutuo. Penetra sin dificultad en el ámbito privado borrando la distancia impuesta con las actividades de los locales y, a su vez, éstas pueden ganar presencia en el exterior, contagiando su vitalidad al espacio público.


Esquema de la calle Sant Pere Mitjà antes y después de la intervención

Podemos ver aquí una analogía con los puestos de un mercado abiertos a la calle o algunas tiendas de los bazares norteafricanos, a menudo conectadas a un taller, un almacén o la propia vivienda, en función de la especialidad. Operaciones de esta naturaleza se extienden con gran facilidad y suponen una ocupación temporal del espacio público que no sería contradictoria con las disposiciones normativas que excluyen las actividades permanentes en calles de anchura inferior a los 7 metros y, en cambio, pueden contribuir eficazmente a su transformación.

Conviene insistir en el papel estructurador que asume la calle cuando se la considera como galería. Además de propiciar un uso temporal más intenso y diverso, esta condición permite ampliar las posibilidades de los propios locales, considerándolos, en todo o en parte, como prolongación del espacio de uso público y al revés.

Esto permite integrar los espacios umbral generados en un mismo sistema y pensar en algunos locales como puestos abiertos, pero también prever alternativas a la conexión directa entre locales, que no impliquen la transformación de las edificaciones, como los establecimientos discontinuos; es decir, una misma actividad que ocupa varios locales, de forma que la calle actúa como nexo común de relación.

3. Potenciar la identidad de Sant Pere Mitjà

A partir de la actuación de revitalización que se propone, entendemos el conjunto de locales de Sant Pere Mitjà y sus travesías como una entidad única articulada entorno a la calle, de manera que ésta debe ser inidentificable y fácilmente distinguible en su contexto urbano. En parte, la especialización de los locales ya la hace identificable. A ello se suma el resultado de las transformaciones previstas en los umbrales de las plantas bajas que, observados de manera global, modifican el uso y el carácter del espacio urbano.

No obstante, la naturaleza de la propuesta para Sant Pere Mitjà y sus travesías reclama que la calle asuma ciertas transformaciones que incrementen la visibilidad de la nueva actividad y ayuden a entender la unidad del conjunto. Se podría pensar en intervenciones de naturaleza muy diversa, pero en este contexto la acción se concentra en dos medidas de gran repercusión y coste reducido: la iluminación artificial y las puertas del recinto.

Iluminación singular. No se trata de aumentar el nivel general de iluminación o su uniformidad
–que los propios locales ya modificarán– sino de destacar los cruces de la calle por ser enclaves visibles desde el perímetro exterior. Seis luminarias singulares son suficientes para suscitar este cambio, aunque se podrían valorar otras posibilidades más cercanas al terreno fértil de la instalación artística o la participación ciudadana.


Esquema del entorno de Sant Pere Mitjà como recinto

Puertas a la calle. Se ha insistido en la necesidad de entender Sant Pere Mitjà y sus travesías como elementos vertebradores de una galería o un mercado que integre los locales de las plantas bajas, si bien la presencia externa de este ámbito se reduce a las once ‘puertas’ que le dan acceso desde el perímetro. Se propone actuar también en la modificación de estas bocacalles, remarcando su condición de accesos a un recinto. Sería suficiente incorporar un elemento que sugiera un portal de entrada, anunciando su nombre y, sin mayor intervención, las dimensiones de las calles se alteran por asimilación a los pasajes de una galería comercial. La relación directa de las plantas bajas con el espacio exterior a través de los espacios umbral no hace más que confirmar la intuición de haber entrado en el bazar de Sant Pere Mitjà.

4. Modelo de gestión

Pensar en la calle –propiamente, el espacio público y las plantas bajas– como una entidad única permitiría abordar el problema de la desocupación de manera diferente a la suma de las iniciativas de cada finca aisladamente. La escala de la actuación afecta positivamente a los resultados, desde la normativa, las transformaciones físicas o la gestión.

Sant Pere Mitjà y sus travesías podrían ser entendidas como un establecimiento colectivo. Esto permitiría plantear una fórmula solvente de gestión conjunta capaz de tratar el problema en toda su complejidad. En este sentido, la iniciativa pública puede ser considerada, de forma que evalúe las actividades, ofrezca garantías a los propietarios y aliciente a los inquilinos. Además, también es posible explorar otras vías de acción en la gestión de locales a través de iniciativas de comercio responsable que ofrecen espacios compartidos de exposición, de venta de productos y de trabajo para los diseñadores y artesanos. Son modelos que tienen una presencia creciente en Barcelona, aunque a escala más reducida y que no requieren de la intervención directa de la administración.


Noticia aparecida en La Vanguardia, 17 de junio de 2013

Por otro lado, existen plataformas públicas y privadas, dedicadas a la reparación y reutilización de objetos, que organizan espacios físicos para talleres convencionales pero que, sobre todo, estimulan el aprendizaje y la cultura del aprovechamiento por parte del usuario, como el programa que desarrolla el Área Metropolitana de Barcelona.

Si sumamos a estos ejemplos otros campos de acción vinculados a modelos de gestión innovadores, es posible plantear fórmulas válidas para Sant Pere Mitjà que hagan viable su transformación dentro del margen de actuación que permiten las limitaciones del ámbito, por lo cual cabría desarrollar un estudio detallado de actividades a partir de las pautas propuestas, con el objetivo de establecer cuáles son las más adecuadas para incentivar la implantación.


Urban Commerce, Jornada 2013
ponencia de Pere Fuertes, “Disponible” : las plantas bajas desocupadas en la ciudad compacta. 

15 de març del 2015

Detroit, año cero

La ciudad estadounidense comienza a emerger de sus escombros tras la bancarrota. Las nuevas teconologías son la clave


Amanda Mars Detroit._ El País, 5 marzo 2015
El modista de lujo John Varvatos abrió el viernes una tienda en el centro de Detroit

La vida en la legendaria y torturada Detroit no es barata pese a lo que uno podría imaginar: tener coche es imperativo y asegurarlo puede costar hasta 900 dólares al mes porque las compañías rehúyen un mercado plagado de robos e incendios; hay pocas tiendas de alimentación y, para los barrios más favorecidos, los vigilantes son una necesidad. No hay muchas cosas que se puedan hacer con 100 pavos en la que fue una de las ciudades más prósperas de Estados Unidos, capital del motor y de la música. Pero una de ellas es comprar una parcela junto a tu casa, a golpe de clic, en una web. La autoridad pública que gestiona ese suelo casi lo regala a cambio de que las mantengan y paguen los impuestos. Al fin y al cabo, ¿cuánto vale un pedazo de tierra en el que nadie querría vivir?

We out here: aquí estamos. La pintada, en grandes letras negras, marca una de las casas abandonadas de la calle Vernon, donde el bajo valor de lo que nadie desea es triste y palpable. Las casas habitadas se intercalan con las vacías. En Detroit, los edificios abandonados conviven con los ocupados y una familia puede vivir rodeada de escombros y esqueletos de preciosas casas victorianas. We out here también se puede traducir en el argot urbano como “queremos fiesta”, aunque ese no parece el sentido en esta calle del New Center.
El proyecto GooBing Detroit muestra la peor cara de una urbe en bancarrota

Algunos inmuebles tienen carteles avisando de que serán demolidos en breve o de que están siendo vigilados, y que se perseguirá a quien le dé por quemarlos... Es difícil creerlo: no se ven guardias ni mucho menos cámaras de seguridad. El jueves solo se veía a Hester Davis, de 44 años, que se presentaba como nueva en el barrio pese a que lleva más de tres años viviendo allí. Maldice la zona. “Los vecinos que son propietarios están bien, pero los de alquiler son realmente malos”, explicaba. Su casa, de dos plantas y cuatro habitaciones, le costó 8.000 dólares. Desde abril, las autoridades han subastado más de 500 viviendas vacías por entre 1.000 y 98.000 dólares. ¿Ha mejorado la seguridad? Hester arquea las cejas: “No… la verdad es que las cosas podrían estar mejor”.

Detroit aún sufre las consecuencias de una dura y larga crisis que la abocó a la bancarrota en 2013, pero la salida oficial de la quiebra, en diciembre pasado, marca un simbólico año cero. Busca renacer como una ciudad más pequeña y manejable, sacudirse el estigma: es una de las urbes más peligrosas del país, tiene alto paro, un tercio de su población es pobre y los servicios públicos dejan mucho que desear.


Motor City Mapping se desarrolló para mostrar información sobre las condiciones de las fincas de la ciudad

“Han mejorado mucho las cosas, pero lo han hecho de forma muy concentrada en el centro, mientras que los barrios de la periferia han decaído”, opina Jordi Carbonell, un barcelonés que montó un local llamado Café con Leche en 2007. Los profesionales coinciden en que se está viviendo eso que los estadounidenses llaman momentum (ímpetu, empuje). Muchos restaurantes abren sus puertas y también las firmas de moda, como la del diseñador John Varvatos, que inauguró tienda esta semana en Woodward Avenue. Allí han brotado montones de pequeñas empresas tecnológicas (startups), atraídas por la fuerza tractora de la industria y porque las oficinas son más baratas que en San Francisco o Nueva York. “Ha habido una inmigración significativa en los últimos años, sobre todo de trabajadores jóvenes y de alta formación”, explica Mark Muro, responsable del programa de políticas metropolitanas de la Brookings Institution. La industria automovilística acabó 2014 con el mejor dato de ventas desde 2006 y su primer fabricante, General Motors, ha tenido un gran ejercicio tras salir del rescate público. “El nuevo boom de la automoción ha hecho converger la industria con las actividades digitales”, dice Muro. El ritmo de crecimiento de la ciudad, añade, duplica al del país. Según Brookings, el 14,8% de la fuerza de trabajo de Detroit está relacionada con la innovación. Y Muro dice que irá a más.

También lo cree Bill Camp, jefe de desarrollo de Detroit Labs, unastartup de ascenso meteórico: comenzaron cuatro personas hace tres años y ahora son más 80 empleados. Crean aplicaciones móviles. “Hay muchísimo talento aquí. Detroit es donde pasan las cosas, la industria hace que haya mucha gente concentrada creando”, explica en una oficina de techos altos, paredes de ladrillo visto y un imponente saco de boxeo.


Bill Clamp, de Detroit Labs

El edificio pertenece a una de las empresas de Dan Gilbert, uno de los símbolos del renacimiento. Desde 2010, este millonario nacido en la ciudad, propietario de la firma de créditos online Quicken Loans, se ha hecho con 70 edificios y ha ubicado en algunos de ellos a 120 nuevas firmas. Es uno de los impulsores del tranvía que atravesará el centro. También ha ayudado en la rehabilitación de viviendas y participa junto a otros inversores en el Madison Building, un complejo de seis bloques con un centenar de compañías tecnológicas que está apoyado por Google como una de las “ciudades” de su red oficial de emprendedores.

Uno de los ejecutivos de la firma de Gilbert, Rock Ventures, es el exmarine de 26 años Sean Jackson. Ha crecido en Los Ángeles, pero asegura que “la experiencia urbana de Detroit es mejor”. Relata decenas de iniciativas relacionadas con el mundo del arte y cree que la capital de Michigan dará el salto que en su día protagonizó Nueva York. “En esas ciudades te sientes pequeño, pero en Detroit tienes la posibilidad de tener mucho impacto”, afirma.

Las ruinas de Packard Plant, símbolo del decaimiento urbano, que ha adquirido el inversor español Fernando Palazuelo para convertirlo en una zona residencial

Para el estándar europeo, la corona central de Detroit sigue desangelada, debido sobre todo al deficiente transporte público. James Robertson, por ejemplo, caminaba cada día 34 kilómetros entre la ida al trabajo y la vuelta a casa. No tenía coche ni otro medio de transporte. Lloviera o nevara, lo hacía a diario, salvo los días en que Blake Pollock, financiero de UBS, le acercaba en su propio coche. Pollock contó la historia a un periodista y la noticia despertó tal ola de solidaridad que recaudó más de 300.000 dólares a través de una campaña de crowdfunding organizada por un chaval para ayudarle a comprar un vehículo. Además, un concesionario le regaló el coche en un acto religiosamente televisado. “Ha tenido que cambiar de barrio, ya no estaba seguro, sus vecinos saben que ahora tiene dinero”, explica Pollock.

Hay dos Detroit. La resurrección de la ciudad no ha incorporado aún a la población más humilde, mayoritariamente de raza negra. Son el 83% de los habitantes pero figuran poco en esta pujante y nueva clase media. El alcalde, Mike Dugan, admitió hace un año que solo el 20% de los jóvenes afroamericanos de la ciudad se gradúa en la escuela secundaria, con datos de 2010; y la tasa de homicidios de los varones negros es 13 veces mayor que la de los blancos.

Secuencia temporal de imágenes en el proyecto GooBing Detroit

Y los estragos en la vivienda tardarán en superarse. Tras la bancarrota, las autoridades impulsaron programas con ayudas aprobadas por Obama para demoler las casas abandonadas y convertirlas en parcelas disponibles para los vecinos por aquellos 100 dólares. El año pasado se echaron abajo 4.000 casas y este 2015 se derribarán otras tantas, según la agencia pública encargada, la Detroit Land Bank Authority. Quedan unas 70.000 estructuras vacías a la espera de ser borradas del mapa. Hogares de gente que se marchó porque no había trabajo ni a quién vender la propiedad. “Las viviendas abandonadas tienen un impacto increíblemente negativo en el valor de la propiedad vecina y en la calidad de vida. Era necesaria una estrategia contundente”, explica un portavoz de la Land Bank Authority. Detroit ha perdido a más de la mitad de su población en las últimas décadas y en una superficie en la que cabe tres veces Boston no viven más de 700.000 personas. Ese fue uno de los motivos de la quiebra, que esa estructura de gran metrópolis no podía sostenerse con cada vez menos contribuyentes.

En Detroit creció y pinchó el sueño americano. Para Mark Muro, “hacen falta esfuerzos en educación y formación para reducir la pobreza y conectar a más ciudadanos con las oportunidades que están empezando a emerger de las industrias más avanzadas”.

Un neón reza “Nada puede con Detroit”

Mientras, artistas y curiosos siguen fascinados con ruinas emblemáticas, como la gran estación central o la gigantesca planta Packard, que el español Fernando Palazuelo ha comprado (no se ven trabajos de construcción; sí, restos de la última rave). “Están pasando muchas cosas”, es lo que más se oye en una ciudad con un brillante pasado de inventores: aquí nació la legendaria discográfica Motown y aquí Henry Ford revolucionó la economía.

11 d’octubre del 2014

revitalitzación comercial del mercado de Pere San y su entorno, Sant Cugat del Vallés

proyecto final de carrera de Jona Oliva Flaqué
ETSAV - UPC, 2014

a partir de un trabajo realizado en el taller PTEe
publicado originalmente en HICArquitectura
Jona Oliva.- Este proyecto pretende plantear la arquitectura como simbiosis entre lo existente y lo nuevo, entendiendo que la arquitectura se puede tratar de forma evolutiva a partir de la cirugía arquitectónica y de la colocación de accesorios “plugins” que reactiven la arquitectura existente para proyectarla hacia el futuro. Estos mismos accesorios deben permitir, en un futuro, ser reutilizados, transformados o reemplazados por otros nuevos que se encargarán nuevamente de reactivar y proyectar la arquitectura según los requisitos del momento, dotándola de una fuerte dosis de dinamismo y adaptabilidad, sin egos, o mejor dicho, con muchos egos entrelazados, tejidos y acumulados.
Nos encontramos con un mercado, que a pesar de estar situado en el centro del núcleo histórico de la ciudad de Sant Cugat, está sufriendo un empobrecimiento comercial cada vez más acentuado, y no solo el mercado, sino también gran parte de las plantas bajas comerciales próximas. Este empobrecimiento es debido por un lado a la mala accesibilidad a nivel de transporte público y de vehículo privado y por otro lado a la llegada en 1917 del ferrocarril que ha ido desplazando el histórico eje plaza Sant Pere – plaza d’Octavià, hacia el nuevo eje: estación ferrocarril – plaza d’Octavià.

A nivel urbano observamos que el actual mercado está situado cerca de dos grandes ejes, el primero, el eje estación ferrocarril – plaza d’Octavià muy consolidado comercialmente y el segundo, el eje marcado por la Avenida Rius i Taulet de fácil accesibilidad rodada. Se propone dejar de entender el mercado de Pere San como un volumen cerrado para pasar a entenderlo como un mercado desconfinado, como si se tratara de un fluido que va empapando todas las plantas bajas comerciales hasta llegar a estos dos ejes, entendiendo todo el ámbito como una gran unidad comercial o vivero comercial, transformando así el actual mercado de Pere San en el que ahora pasaremos a llamar El Mercado Grande de Pere San. 

Para llevar a cabo esta propuesta, primero de todo aprovecharemos todas las oportunidades que nos ofrece el ámbito y una vez agotadas, se añadirán los plugins necesarios para acabar de trabar y hacer funcionar toda esta unidad comercial.

La intervención en el mercado plantea conservar el volumen histórico del año 1927 y pretende entender el mercado y la plaza como un solo elemento, haciendo salir el mercado a la plaza y entrar la plaza dentro del mercado, reforzando la idea de desconfinamiento. Esto se consigue en primer lugar, extrayendo parte de la cubierta del mercado, obteniendo así, las mismas condiciones que en la plaza y permitiendo, por ejemplo, la entrada de vegetación y del pavimento de la plaza hacia dentro del mercado.

Al extraer la cubierta lo que se consigue es dejar el actual mercado sin función, convirtiéndolo en una especie de escultura, de símbolo, de testimonio de que este fue el lugar a partir del cual nació y creció la ciudad.

Los aparadores se encargarán de colonizar las plantas bajas comerciales dando un lenguaje común a todo el ámbito. Las unidades de parada serán las encargadas de apropiarse de la plaza siendo totalmente autónomas y permitiendo entender el espacio como plaza cuando no hay actividad y como mercado cuando hay actividad, por lo tanto, es la actividad o la no-actividad la que define el lugar.

A nivel constructivo toda la intervención se plantea en seco, por la capacidad de reversibilidad y reutilización que permite y porque en el caso de desmontarse, produciría el menor número de cicatrices en la edificación histórica preexistente.

Podemos concluir que con el trabajo de cirugía arquitectónica de lo existente, acompañado de nuevos modelos de gestión y organización, se puede conseguir la revitalización comercial del ámbito. Con una intervención de 249 ml de aparadores, 2013,16 m2 de rehabilitación y reforma y tan solo 631,94 m2 de obra nueva – “plugins”- se consigue revitalizar un ámbito de 10.052 m2.

14 d’octubre del 2013

Detroit: workspaces for the 21st century

in the long-empty buildings of the Motor City's manufacturing past, technology firms are shaping new workspaces for the 21st century

(John Gallagher for Architectural Record)

(Young tech professionals are making their way to Detroit, working in newly renovated early 20th-century buildings such as the M@dison)

Detroit's well-publicized bout with municipal bankruptcy is masking some positive trends taking place in the teetering city. Among the most important: technology firms are flocking to its downtown core, bringing an influx of young workers and remaking many of its older 20th-century buildings into high-tech havens.

From two- or three-person startups to mortgage giant Quicken Loans, companies of all sizes have set up shop in long-neglected structures. Some are embracing the gritty industrial buildings by preserving rugged finishes, taking up the mantle of toughness and quality they embody. Others are turning to the showpiece offices of previous eras while gutting the interiors to suit a new generation of digital industrialists. These projects have given rise to a series of slogans that capture some of the city's new energy and its hoped-for revival: “Detroit 2.0,” “Outsource to Detroit,” and, in a nod to the main boulevard, Woodward Avenue, “Webward Avenue.”


(MICHELLE & CHRIS GERARD)

Some 10,000 new workers have arrived in the past few years, and in the technology sector, they tend to be young, educated, and eager to live near downtown, driving up apartment rents in Detroit's Midtown, Corktown, and Eastern Market neighborhoods and fueling the city's rapidly reviving bar, restaurant, music, and retail scene. Their influence can be seen in the growing number of bicycles on city streets, as well as in new brew pubs, wine bars, and coffee shops. Longtime Detroit staple Avalon International Breads opened a new 50,000-square-foot bakery in February, and in Midtown, the Great Lakes Coffee Roasting Company is one of the hot venues of the moment, transforming into a bar and staying open late. Its interior is outfitted with wood from a demolished Detroit home.

(A slew of new bars and coffee shops have opened in Midtown, including the Great Lakes Coffee Roasting CompanyGREATLAKESCOFFEE.COM)

Like that café's salvaging mementos of the city's past, much of the vibrancy of Detroit's tech scene stems from the look and ambience of the converted structures it inhabits. Local architectural firms including Neumann/Smith, Rossetti, and Kraemer Design Group have evolved a style that keeps the industrial rawness of the original buildings but livens it up with colorful custom-built furniture, fabrics, and artwork. A five-story 1917 structure known as the Madison Theatre Building recently reopened as the M@dison a hub of digital entrepreneurial activity. “When we were developing the M@dison concept, we were given the task of making it cool — make it open, make it collaborative, make it worthy of somebody who would want to be at Google or anywhere out on the West Coast, and then make it even cooler than that,” says Jennifer Gilbert, founder and CEO of Doodle Home, which designed the interiors. “The younger generation doesn't want to sit at a desk. On Monday they want to work one way, and on Tuesday they may want to work in a completely different way.”

(Avalon International Breads, a neighborhood staple, recently opened a new 50,000-square-foot production facility in a vacant warehouse. MARVIN SHAOUNI)

26 de juliol del 2013

why bankruptcy may be the best thing for Detroit

(Vanessa Quirk, via ArchDaily)


M@dison Building, a tech hub in Detroit (via Inc.com)

While the rest of the world scoffs at Detroit’s recent announcement of bankruptcy (using it as an opportunity to bemoan how far the city – and the country – has fallen since its golden Motown days), many Detroiters themselves are embracing the move as a long overdue turning point.

Like Las Vegas, undergoing an urban patronage from Zappos CEO Tony Hsieh, Detroit has similarly been the focus of its own CEO: native-Detroiter and Quicken founder Dan Gilbert. By channeling over $1 billion dollars into the city, and inspiring others to follow suit, Gilbert is helping Detroit attract young, tech-savvy entrepreneurs. Throw in the lure of cheap land/rental rates, and it’s no wonder the city’s is host to a burgeoning tech scene.

The only thing that’s been getting in these techies’ way – is the city itself. Which is why many are hopeful that Detroit’s bankruptcy is just the beginning.



Detroit’s tech-emergence has come about hand in hand with an (in-process) urban revitalization. In the midst of dissolving public infrastructure and massive foreclosure (about a quarter of all homes are abandoned), the private sector has become Detroit’s only beacon of hope.

One of the greatest symbols of Detroit’s burgeoning tech renaissance is the M@dison Building: once a movie theater, now the heart and 50,000-square-foot home for about 300 entrepreneurs, investors, and developers (including Twitter). Quicken’s Gilbert has also contributed greatly, not just buying and renovating office towers, but also identifying underused infrastructure, most recently offering to take on and adapt an “unsightly and over-budget jail.”

14 de desembre del 2012

recuperando Detroit

esta entrada es un resumen del artículo "Eminem en la estación central" (El País, David Alandete, 7 diciembre 2012).



Detroit, cuna de la discográfica que lanzó la música negra en los sesenta, resurge tras décadas de abandono. Rítmica y automovilística, la sede de la General Motors simboliza su leyenda

"la ciudad de la General Motors [...] representó en su día el auge y caída de la industria automovilística. Hoy, Detroit renace. Han sido años, décadas, de decrepitud; de casas quemadas y saqueadas; de grandes teatros convertidos en aparcamientos; de monumentales edificios abandonados a su suerte. Pero en estos momentos la cuna del fenómeno musical de la música negra agrupado en torno a la discográfica Tamla-Motown y de las grandes automotrices norteamericanas vive un extraordinario renacimiento. Algunos emprendedores, jóvenes idealistas y urbanos, han regresado a la gran urbe a hacerla renacer de sus cenizas. Son pioneros, y este es un momento idóneo para que el viajero pueda ver el inicio de la reconstrucción. Hay ahora en Detroit rincones dignos de grandes capitales del arte y el estilo, y, sobre todo, precios módicos.