19 de febrer de 2013

'la libertad estructural, condición del milagro' por Lacaton & Vassal

"Hoy comprendemos toda la importancia que reviste la aventura de la superposición, sea en cuestiones de arquitectura o de urbanismo. El bienestar, pero también los sueños de la sociedad contemporánea, parecen depender de la manera en la que una situación existente se encuentra con una nueva, dos temporalidades, dos estados del espíritu. Cada vez que abordamos un proyecto lo pensamos como una intervención sobre la trama existente, que tiene una historia real o se urde desde una ficción. Una superposición con intenciones nuevas pero sin imponerse jamás al sistema original, con escrúpulos y delicadeza, para que nazca un tercer lugar producto de los dos primeros. Así, ya no se trata de un antes y un después, sino de una situación repentina. Un estado de gracia surgido de ese encuentro, de esa superposición. Esa búsqueda, difícil, pone en primer plano nuestra manera de plantear la estructura, siempre independiente de aquello que contiene con el fin de permitir que brote el contenido. Una estructura abierta, libre, muy amplia, que posibilite la invención de nuevas relaciones con el clima, el entorno y la actividad, que produzca las condiciones de la movilidad y de lo lúdico. Una estructura que genere urbanismo por su capacidad de inmiscuirse en lo existente y activar el deseo de continuar la ciudad.

Situación repentina
Siempre nos aproximamos al concepto de estructura abierta a través del imaginario de la trama, el imaginario de la extensión. Toda situación a la que el arquitecto se ve confrontado hoy presenta ya una trama muy precisa. Desde nuestro punto de vista, esa trama debe mantenerse de forma predominante, ya sea la trama de pinos de Cap Ferret, sobre la que colocamos una casa lo más delicadamente posible, o las viviendas existentes en Boulogne-Billancourt. Todo parte de la comprensión de esa base, una capa intocable y preciosa con la que se busca una actitud de tolerancia para la convivencia, para la compañía. Una conversación justa, con distancia precisa entre dos sistemas destinados a mezclarse, a vivir juntos, a sumar, y de los que se espera una simbiosis.



En efecto, la superposición de dos estructuras, por su relación, su diferencia y al mismo tiempo su proximidad, favorece la aparición de fenómenos inesperados: usos, miradas y comportamientos nuevos. Una tercera situación generada por el producto de dos intervenciones y que no puede surgir a menos que haya confianza en el futuro y, por consiguiente, que se acepte una cierta indefinición de los usos y del lugar. Si se trata de rehabilitación, consiste en el producto de una estructura existente con una situación nueva; si se trata de obra nueva, del producto de una situación que habría podido existir con una situación posterior.

Esa tercera realidad, nacida de la superposición de estratos y temporalidades en un lugar, es milagrosa. Su intensidad resulta más cuantificable cuanto más se identifican las diferentes intervenciones y más se definen las singularidades que hay entre los dos sistemas. Para la transformación de la torre de Bois-le-Prêtre, todas las capas permanecen identificables a pesar de la renovación. Esto es lo que hace que las ampliaciones resulten tan sorprendentes. El mobiliario anterior nos explica la situación original, se prolonga hacia el presente en las galerías, pero lo hace con otra intención, la de vivir otras cosas, no solamente la función. La de respirar de otro modo en la casa, de ver más lejos, de poder volver a la propia vivienda, el interior de su sala o de su habitación, sin sentir más límites visuales, ni físicos, ni mentales.


Para que este regreso a la propia casa funcione, no hay que forzar la superposición de situaciones entre sí, ni pretender imponer un nuevo estrato sobre el antiguo. No hay que crear jamás relaciones de fuerza, sino al contrario, encontrar las relaciones precisas para que nazca una continuación, un comienzo.

Nuestra búsqueda de cambio está condicionada por la libertad que la estructura concede al usuario. La libertad de moverse, de plantear actividades donde sea, de poder estar solo en algunos sitios. Esta flexibilidad proviene de la utilización de sistemas constructivos ligeros, de su independencia frente al programa, del impacto débil, pero también de la desmesura de la estructura. Cuanto más grande y más amplia, más historias podrá alojar. Más cosas podrán esperarse de ella.

En cada nuevo proyecto, buscamos siempre ir al máximo volumen construido que permitan las ordenanzas. Pensamos que el cambio en aquello que nosotros denominamos el tercer lugar, o tercera realidad, depende de esta desmesura, sea horizontal o vertical. Es necesario que haya exceso para que funcione el desfase entre estructura y programa, envolvente y divisoria, entre anterioridad y posterioridad, necesidades y deseos. Con ocasión de la realización del café en Viena, estuvimos trabajando en la invención de un desfase. Se trataba de un edificio existente que se estructuraba en tres bóvedas a las que aplicamos un revestimiento de cerámica y en las que instalamos el programa. Mediante esta aproximación, liberada la estructura existente, queríamos que pareciera que la cerámica se había colocado cincuenta años antes. Ese desfase temporal, ficticio, es perceptible en el café, y basta para convertir el lugar en algo sorprendente, ambiguo, difícil de situar.

Nos gusta trabajar en la construcción de las condiciones de este cambio, de este intervalo. Es a partir de ellas cuando el usuario empieza a aportar sus historias y a enriquecer el proyecto. En la escuela de arquitectura de Nantes nos inspiramos en la imagen de un hangar gigantesco, como las grandes naves industriales de Alstom que hay cerca de allí, e instalamos el proyecto en el interior. Esta actitud desdibuja la relación del proyecto con el tiempo. Nos gusta jugar con la percepción del tiempo del proyecto, estirándolo y creando situaciones de ficción que le permitan cambiar. La variedad de interpretaciones disponibles concedidas por la desmesura y la ligereza estructural contribuyen a fabricar la ficción de un estado anterior.

Cuando nos bloqueamos por cuestiones técnicas o constructivas, volvemos a esta historia. Este argumento conduce todo el proyecto y puede hacerlo muy personal. [...]"

Anne Lacaton & Jean-Philippe Vassal
2G, nº60
(gracias a Marc Méndez por el texto)

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